• La mayor historia del director de películas como ‘Pulp Fiction’ o ‘Kill Bill’ llegó a Italia en 1992 para presentar su primera película


  • Su particular carácter, su actitud amateur y geek y su naturalidad hicieron que en aquellos tiempos lo confundieran con un aficionado.


  • Ahora un documental contará el increíble vínculo del estadounidense con la ciudad italiana de Viareggio

Era 1992, Quentin Tarantino, uno de los directores de cine más premiados y aclamados de todos los tiempos, era un jovencísimo estadounidense que acababa de presentar ‘Reservoir Dogs’ en Cannes, su debut internacional, que se había proyectado fuera de competición ya una hora intempestiva. Desde el Festival de Cine de Viareggio, en la Toscana, lo buscaban incesantemente para viajar a Italia a proyectar su película. Llamaron insistentemente, pero no pudieron encontrarlo. Por fin encontraron a aquel que, de forma amateur, acababa de entrar en la industria (y ya era un genio), preguntó si tenía que pagar el billete y el hotel. Le dijeron que no, lo convencieron. Llegó a la ciudad costera italiana, que tiene unos 60.000 habitantes, y lo que sucedió en los días siguientes Es la historia más brillante y desconocida del director.. La escribió alguien que, entre esas proyecciones del festival, la miró durante días con incredulidad. Fue el periodista italiano, que escribe para medios como Vanity Fair, Michele Boroni, quien años más tarde, concretamente en 2009 con la presencia de Tarantino en Italia, decidió escribir una historia.. Se llamaba “Érase una vez Viareggio” y este fin de semana se presenta tras convertirse en un documental dirigido por Davide Rapp.

Pero volvamos al principio: Tarantino, 29 años, la costa toscana y el Noir Festival. Vestía como un auténtico turista americano: pantalones cortos, camisetas que homenajeaban a grupos musicales y zapatillas deportivas. Tenía, como describe el propio Michele Boroni en su relato, “una relación conflictiva con la higiene personal”. Ese “loco” completamente desconocido actuó como un fan desde su llegada al festival y su comportamiento, “Comía en la sala y bebía, hablaba solo y gesticulaba” lo apodaron con ese nombre. Como el propio Michele Boroni justifica para NIUS, “en pocos días se había convertido en el típico loco del pueblo”. Pero, a pesar de que era molesto, no era arrogante, se disculpó por su comportamiento, aunque luego no pudo contenerse y dar rienda suelta a su pasión, que luego se revelaría, era claramente el cine. Su entusiasmo cautivó a quienes, como Boroni, transitaban por aquellos días ese lugar de la Toscana, que se convirtió en un trampolín para Tarantino. Era la primera vez que “Reservoir Dogs” se proyectaba con público (en Cannes fue una proyección especial) y con el propio artista en la sala. Pero en aquellos días en que “el loco” era el protagonista principal, ese gran americano era para todos un espectador, nada más.

Boroni, que cautivó a todos con su historia ya en 2009, la reeditó aprovechando un viaje de Tarantino hace un año al Festival de Cine de Roma. En ese momento la viralidad era imparable. Su historia relata lúcidamente pequeñas anécdotas como la ocasión en la que compartió mesa en una pizzería de Viareggio con “el loco”, que seguía siendo eso a los ojos de todos, un loco, y seguía gritando “esta es la mejor pizza del mundo” (esta es la mejor pizza del mundo). Además de otros aspectos que dan fe de la curiosa personalidad del director, como el hecho de haber visto todas las películas de ese festival. “No faltaba ninguno, estaba fascinado de estar al frente de tantos directores italianos que, aunque probablemente aquí fueran irrelevantes, conocía y admiraba. Recuerdo haberles pedido que vinieran a ver la proyección de su película y él se arrodillaba suplicando”. agrega Boroni al teléfono. “Le pidió autógrafos a todos, dio abrazos, habló con todos”, escribe en la historia, inicialmente publicada en su blog personal. A pesar de que en el festival hubo grandes nombres como Ken Russel o Nicholas Roeg, todos, dice Boroni, esperaban una gran película de un nuevo director estadounidense que ya había fascinado en Cannes.

Y llegó el momento. Se proyectó fuera del concurso ‘Reservoir Dogs’ que finalizó con 10 minutos de eufóricos aplausos. El director del festival pidió, como había anunciado, que subiera al escenario Quentin Tarantino. Así, salió al palco el que hasta entonces había sido “el loco”, con su habitual actitud despreocupada, “saltando y gritando como siempre había hecho”, cuenta el relato. “En ese momento todos gritaron ‘no se puede, es una locura’”, añade Boroni. El propio periodista italiano pensó durante un tiempo que se trataba de una broma. pero, termina la historia, supo enseguida que toda esa genialidad tenía un sentido. No fue una sorpresa, pero la línea punteada se había unido. Esa noche ganó un premio literario especial por la calidad con que estaba escrito el guión. La singular y completamente desconocida historia corrió como la pólvora, como una historia que rondaba al propio Boroni, y ahora acaba en un documental que se adelantará este domingo en Milán, con la cobertura del Noir Festival y con la participación telemática del propio Quentin. . tarantino Esta primavera se presentará definitivamente el trabajo final, que tendrá una duración de más de una hora, y quién sabe si Tarantino, una vez más como ese “loco”, volverá este verano a Viareggio.



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